Anoté en mi agenda algo que me pasa con frecuencia pero que nunca anoto. Y es que volví a encontrar una coincidencia extraña en tres libros distintos que leí casi al mismo tiempo. La coincidencia, si es que no es paranoia mía, es que en los tres textos aparecen personajes mancos. El primero era el de Döblin, Alexanderplatz, donde Franz se queda sino manco, con la mano anquilosada; el segundo el personaje de Conversación en la catedral, el morein cuyo nombre he olvidado–Ambrosio creo?; y el tercero el Beowulf (la película) donde Grendel se corta el brazo para escapar, y que leí por primera vez hace unos tres años.
No sé por qué me llaman la atención estas cosas, pero son cosas que me dicen algo, a lo mejor nada bueno pero me dicen algo así como que yo soy el único que se ha dado cuenta de que los tres personajes son mancos y que sus autores, en su momento, los hicieron mancos para dar un efecto a sus obras. El efecto es discutible y distinto para cada cual, pero la cosa es que están los tres mancos ahí en mi mente, haciéndome pensar en que yo estoy allí leyendo para conectar las manquedades de los tres y que a lo mejor nadie se percatará de que los tres mancos en ese espacio y tiempo están ahí para decirme algo. Es así? Lo dudo, pero hay algo que sale de allí, una energía en mi mente que hace que se muevan ideas tontas o buenas, ideas al fin.
Ocurrió igual a la semana siguiente con el libro de Peter Handke “Slow Homecoming”, que es buenísimo, prosa notable, manejo brutal del idioma y la descripción, anquilosamiento de la acción que no se siente por el lujo verbal y las emociones. Decía que en este libro apareció la siguiente cuestión: que un amigo llega a visitar a otro amigo y que el día que llega, el amigo anfitrión muere. El personaje de Handke lee la nota necrológica en el avión y se queda pasmado.
La coincidencia está en la película The Third Man, en la cual un escritor llega a Viena para ver y hospedarse con un amigo, pero al llegar se entera que murió ese día. (El amigo es Orson Wells). Más tarde nos enteramos que ha fingido su muerte, pero la coincidencia, el uso del amigo que visita al amigo que ha muerto, es la misma. Y a mí me pasó esta coincidencia a la semana o al día siguiente de leer el libro de Handke.
He pedido a Amazon ya “La mujer zurda”, y si en algo puedo aportar a la lectura de Handke puedo decir que en el paisaje está la creación, no sólo de la ficción sino del ser en general. Todo lo describe como en capas de colores, texturas, etc, y tanto y tan bonito es, que los personajes deben huir de las ciudades o de la compañía de otros porque no hay más espacio en el mundo que para el paisaje y para una sola persona, un solipsismo total para ver, los colores y las formas, los vientos y mareas, todo lo que rodea a sus personajes.
A lo mejor mañana retomo y ahí sí hablo de Levrero, hombre que han inspirado en mí escribir acá.